El silencio me había envuelto toda mi vida.
Podía recordar mi infancia llena de respuestas cortas y asentimientos. Me alejé de las personas para evitar tener que conectarme.
Y cuando comenzaron a tratarme como a una perra fría fue más fácil alejarme de todos.
Hasta que llegaron ellos, arrastrándome hacia ellos con el poder que les concedía aquella tradición que había sido llevada a cabo por años.
Y no me resistí, simplemente me dejé llevar y terminé deshaciéndome de todas las ataduras que me envolvían y de un par de cosas más.