¿Te gustan las vacas? ¿Y te gusta la leche? Entonces, este libro te va a encantar.
Podrás beber su poesía como si fuera un gran vaso de leche, fresca y cremosa. Y después de disfrutarlo, relámete los bigotes. Porque las deliciosas palabras de este libro pueden rumiarse una y otra vez.
En estos poemas, las vacas habitan refrigeradores, pastan sobre lunares de tu cara y se vuelven locas de contento ante la idea de vivir adentro de una casa. Armando nos hace cavilar sobre las vacas y disfrutar su voluminosa majestad. Con gran desparpajo y sentido del humor, rinde homenaje a estas maravillosas damas de la leche, para que te vuelvas intolerante a la solemnidad.